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Así Comenzó el Brote: La Excursión al Vertedero de Ushuaia que Desencadenó el Hantavirus en el MV Hondius

Así Comenzó el Brote: La Excursión al Vertedero de Ushuaia que Desencadenó el Hantavirus en el MV Hondius. Cronología verificada del brote de hantavirus en

Así Comenzó el Brote: La Excursión al Vertedero de Ushuaia que Desencadenó el Hantavirus en el MV Hondius

Por la Redacción de Hantavirus.es | 12 de abril de 2026


Un vertedero a las afueras de Ushuaia, la ciudad más austral del planeta, se ha convertido en el punto de partida de uno de los episodios más inquietantes en salud pública de los últimos años en el ámbito de los cruceros de expedición. El 1 de abril de 2026, una excursión aparentemente rutinaria a ese enclave de residuos expuso a varios pasajeros del crucero MV Hondius al Hantavirus Andes, la única cepa conocida de hantavirus capaz de transmitirse de persona a persona. Once días después, el primer fallecido ya era una realidad: Leo Schilperoord, ornitólogo neerlandés de 69 años, murió a bordo del barco. Lo que comenzó como una visita de naturaleza y observación de aves en el confín del mundo ha derivado en un brote internacional activo que ha puesto en alerta a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y al Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC).

Este artículo reconstruye, con los datos verificados disponibles hasta el día de hoy, cómo se originó ese brote: qué ocurrió en el vertedero de Ushuaia, quién era el paciente cero, qué es exactamente el virus Andes y por qué ese lugar concreto representaba un riesgo epidemiológico que, en retrospectiva, no debería haberse ignorado.


El MV Hondius y la excursión del 1 de abril

El MV Hondius es un crucero de expedición de bandera neerlandesa operado por la empresa Oceanwide Expeditions, diseñado para llevar a turistas y científicos a algunos de los parajes más remotos del planeta: la Antártida, las Islas Malvinas, Georgia del Sur y el archipiélago subantártico. El 1 de abril de 2026, el barco se encontraba en Ushuaia, capital de la provincia argentina de Tierra del Fuego y puerta de entrada habitual a las rutas antárticas. A bordo viajaban 149 personas: 94 pasajeros y 55 tripulantes, procedentes de 23 nacionalidades distintas.

Dentro del programa de actividades del crucero, varios pasajeros participaron en una excursión que incluía una visita al vertedero municipal de Ushuaia. La actividad, en principio orientada a la observación de aves —los vertederos patagónicos son conocidos entre los aficionados a la ornitología por concentrar gaviotas, caranchos y otras especies— los puso en contacto directo con un entorno altamente contaminado por roedores silvestres.

Entre los participantes de esa excursión se encontraba Leo Schilperoord, ornitólogo profesional neerlandés de 69 años. Según los datos confirmados posteriormente por las autoridades sanitarias y recogidos por medios como NOS (Países Bajos) y Reuters, Schilperoord fue identificado como el paciente cero del brote. También participaron en la misma excursión otros pasajeros, cuyos síntomas ulteriores apuntan a que la exposición al agente infeccioso fue colectiva.


El vector: Oligoryzomys y el papel de los vertederos

Para entender por qué ese vertedero era un lugar de riesgo, es necesario conocer quién actúa como reservorio del Hantavirus Andes en la naturaleza. El culpable es el Oligoryzomys longicaudatus, conocido coloquialmente como el "ratón de cola larga" o colilargo, un roedor silvestre de pequeño tamaño propio del Cono Sur de América Latina, distribuido por Argentina, Chile y zonas limítrofes. Este animal es el huésped natural del Hantavirus Andes (ANDV) y lo porta de forma asintomática, eliminando el virus a través de la orina, las heces y la saliva.

La transmisión al ser humano se produce principalmente por inhalación de aerosoles contaminados: partículas microscópicas que se liberan al disturbar o airear material orgánico —tierra, paja, basura, hojarasca— donde los roedores han orinado o defecado. En ese contexto, los vertederos son entornos particularmente peligrosos. La acumulación de residuos orgánicos y restos de alimentos atrae a grandes poblaciones de roedores, que crean colonias densas y contaminan amplias superficies con sus excretas. El simple hecho de caminar sobre ese terreno, remover residuos o respirar el polvo levantado en ese ambiente puede constituir una exposición de riesgo.

Según el ECDC, la inhalación de tan solo unas pocas partículas virales puede ser suficiente para iniciar la infección. El período de incubación del ANDV es de entre 7 y 42 días, lo que complica enormemente la identificación precoz de los casos y la trazabilidad de los contactos.


Qué es el Hantavirus Andes: el único que se pasa entre personas

El Hantavirus Andes pertenece a la familia Hantaviridae y provoca el Síndrome Pulmonar por Hantavirus (SPH), una enfermedad grave caracterizada por una fase inicial similar a la gripe —fiebre alta, mialgias intensas, cefalea, malestar general— seguida de una fase cardiopulmonar de gravedad variable, que puede evolucionar hacia edema pulmonar, hipoxia severa, shock cardiogénico y muerte.

Lo que hace al ANDV singular y especialmente preocupante desde el punto de vista epidemiológico es una característica que lo distingue de todas las demás cepas conocidas de hantavirus en el mundo: su capacidad de transmisión de persona a persona. El resto de hantavirus —incluidos los europeos como el Puumala o el Dobrava— solo se transmiten desde el roedor huésped al ser humano. El ANDV, en cambio, puede propagarse entre personas a través del contacto estrecho con aerosoles de fluidos corporales de un paciente infectado: saliva, sangre, secreciones respiratorias. Esta propiedad fue documentada por primera vez en brotes ocurridos en Chile y Argentina a finales de los años noventa y ha sido confirmada en múltiples investigaciones posteriores recogidas por la OMS.

Esa capacidad de transmisión interhumana es precisamente la que convierte un contagio inicial por exposición ambiental en un potencial brote de propagación secundaria, como parece haber ocurrido en el MV Hondius.


Del vertedero al camarote: los primeros síntomas

Entre el 5 y el 8 de abril de 2026, cuatro a siete días después de la visita al vertedero, Leo Schilperoord y otros pasajeros comenzaron a desarrollar síntomas compatibles con la fase prodrómica del SPH: fiebre alta, dolores musculares intensos, cefalea y, progresivamente, dificultad respiratoria. El servicio médico del MV Hondius los atendió a bordo. Otros pasajeros que también habían participado en la excursión comenzaron a presentar cuadros similares en los días siguientes, lo que desde el primer momento levantó sospechas sobre un origen común de la infección.

La progresión de Leo Schilperoord fue particularmente grave. A pesar de los cuidados médicos a bordo, su estado se deterioró con rapidez. El 11 de abril de 2026, diez días después de la excursión al vertedero, Schilperoord falleció a bordo del MV Hondius. Tenía 69 años. Era ornitólogo. Había viajado al fin del mundo para observar aves. La ironía trágica es que fue precisamente ese interés científico y naturalístico —visitar un vertedero para ver gaviotas y caranchos— lo que lo expuso al agente que acabaría con su vida.

Su muerte activó de inmediato el protocolo de emergencia médica del navío. El barco desvió su rumbo hacia el puerto más cercano para permitir la repatriación del cuerpo y el traslado de los enfermos a centros hospitalarios. Se trató del primer fallecido de un brote que, a fecha de hoy, 12 de abril de 2026, ya ha sido confirmado laboratorialmente y notificado de forma oficial a la OMS y al ECDC.


Por qué el vertedero de Ushuaia era un foco de riesgo conocido

El riesgo asociado al Oligoryzomys longicaudatus en la Patagonia argentina no es un descubrimiento nuevo. Argentina y Chile llevan décadas registrando casos de SPH por ANDV, la mayoría vinculados a actividades en el campo, el bosque o entornos rurales donde los roedores son abundantes. Los brotes en Argentina han afectado preferentemente a trabajadores agrícolas, cazadores, excursionistas y personas que pernoctan en refugios de montaña o zonas periurbanas con alta densidad de roedores.

Los vertederos periurbanos, en particular, son entornos identificados como de alto riesgo en la literatura científica, dado que concentran poblaciones de roedores en densidades muy superiores a las habituales en el medio natural. La acumulación de materia orgánica, la ausencia de depredadores naturales en entornos urbanos y la cercanía a viviendas o instalaciones turísticas crean condiciones favorables para la proliferación del colilargo.

Que una excursión turística incluyese una visita a un vertedero activo en una zona endémica para el ANDV sin las medidas de protección adecuadas —mascarillas de alta filtración, guantes, advertencias explícitas sobre el riesgo de inhalación de aerosoles— es una circunstancia que, a la luz de lo ocurrido, deberá ser objeto de revisión profunda por parte de las autoridades argentinas, la empresa Oceanwide Expeditions y los organismos internacionales de seguridad en viajes de expedición.


El alcance del brote a día de hoy

A 12 de abril de 2026, los datos disponibles confirman entre 5 y 7 casos de hantavirus a bordo del MV Hondius, con un fallecido: Leo Schilperoord. Varios pasajeros han sido o están siendo evacuados médicamente a hospitales en distintos países, conforme al protocolo de emergencia activado por el barco. La OMS y el ECDC han sido notificados oficialmente y siguen la evolución del brote en tiempo real.

La confirmación laboratorial del Hantavirus Andes —y no de otra cepa— es un dato de enorme relevancia epidemiológica, dado que, como se ha explicado, el ANDV es el único hantavirus con transmisión interhumana documentada. Ello obliga a considerar no solo los casos de exposición directa en el vertedero de Ushuaia, sino también la posibilidad de contagios secundarios entre pasajeros y tripulación que mantuvieron contacto estrecho con los enfermos a bordo.


¿Existe riesgo para la población en España y Europa?

Es importante ser precisos en este punto para no generar alarma injustificada. El Hantavirus Andes, portado por el Oligoryzomys longicaudatus, no existe en Europa. Este roedor es exclusivamente propio del Cono Sur americano y no está presente en el continente europeo. Ello significa que la cadena de transmisión natural —roedor portador → aerosol → humano— no puede producirse en España ni en ningún otro país europeo.

El riesgo en Europa se limita, por tanto, a los casos importados: personas que han estado en zonas endémicas y han sido expuestas al virus allí, o que han tenido contacto estrecho con un paciente infectado. En el contexto del brote del MV Hondius, las autoridades sanitarias de los países cuyos ciudadanos han sido evacuados o han regresado del crucero están aplicando los protocolos de seguimiento y aislamiento pertinentes, en coordinación con el ECDC.

Para la población general en España, no existe ningún riesgo derivado de este brote.


Una tragedia evitable: las preguntas que quedan abiertas

La muerte de Leo Schilperoord y el brote que ha desencadenado plantean preguntas que van más allá de la epidemiología. ¿Por qué se incluyó una visita a un vertedero activo en una zona endémica de hantavirus en el itinerario de un crucero de expedición? ¿Se informó a los pasajeros del riesgo específico que ese entorno representaba? ¿Contaban con equipos de protección individual adecuados? ¿Disponía el servicio médico del MV Hondius de los medios necesarios para sospechar y manejar un caso de SPH por ANDV?

Estas preguntas no tienen aún respuesta pública. Pero la investigación epidemiológica en curso, coordinada entre las autoridades argentinas, la OMS y el ECDC, deberá abordarlas con rigor. Las excursiones a entornos de riesgo biológico en regiones endémicas no pueden organizarse sin protocolos de seguridad específicos, especialmente cuando los participantes son turistas internacionales, muchos de ellos de